Arquitectura de barcelona
Playa de Barcelona
20, Agosto d 2017 
La fundación Miró nace como una iniciativa del propio pintor.
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La Fundación Miró se abrió al público en 1975, aunque ya se trabajaba en el proyecto desde 1971. La idea surgió de Joan Miró que quería que su ciudad contara con un espacio en el que se pudieran exponer las obras que reflejaran la expresión de las modernas tendencias del arte contemporáneo.

EL proyecto surge porque en 1968, con motivo del 75 aniversario del pintor, se organiza una exposición antológica en el Hospital de la Santa Cruz que deja al descubierto el gran interés que hay por la obra del artista. Desde entonces Miró comienza a trabajar en la idea de llenar ese vacío que hay en Barcelona para con el arte moderno.

Así pues, la Fundación con la ayuda del Centre d'Estudis d'Art Contemporani han organizado exposiciones de grandes artistas del siglo XX, entre los que se encuentran Warhol, Giacometti, Magritte...

En la Fundación Miró podremos contemplar dibujos del artista que datan de 1901, cuando Miró contaba con ocho años.
La Fundación cuenta con una exposición permanente de obras de Miró, unas 10.000 entre dibujos, bocetos, pinturas, esculturas e incluso tapices del propio artista. El deseo de Joan Miró era asegurarse que su obra estuviera siempre al alcance del gran público. Las obras fueron donadas por el propio artista, aunque múltiples donaciones privadas han conseguido que la Fundación posea una increíble muestra de la obra del pintor.

La colección permanente del artista catalán nos muestra toda su trayectoria artística de un modo muy completo, desde sus primeros esbozos hasta las obras de grandes dimensiones en las que solía trabajar en las últimas etapas de su vida.

La Fundación ha organizado la obra en nueve espacios diferentes, cada uno de ellos dedicado a una disciplina artística de las muchas que cultivaba el artista. Así nos encontramos con salas dedicadas a la cerámica, a la pintura, a las esculturas o a los tapices.

El edificio se ubicó a los pies de Montjuïc, en un edificio que fue planeado por un arquitecto amigo personal de Joan Miró, Josep Lluís Sert, el cual ya había trabajado en multitud de proyectos destinados a albergar y exponer obras de arte. El edificio se proyectó como un enorme espacio abierto, con terrazas y patios que fueran agradables de visitar y por los cuales el visitante pudiera circular con comodidad. La primera ampliación del edificio tuvo lugar en 1986, para construir la biblioteca y un auditorio. La Fundación también cuenta con un bar-restaurante para comodidad de los visitantes.

El edificio sigue el trazado de claustros medievales, impluviums romanos o casas catalanas, todos ellos con un elemento en común, estaban organizados alrededor de un patio central, lo cual en el caso de un espacio artístico lo que consigue esta distribución es evitar la aglomeración de espectadores frente a una misma obra y que los visitantes pasen dos veces por el mismo lugar.

En el exterior nos encontraremos con un edificio de cemento armado en el que llama la atención una torre octogonal que hace referencia a los antiguos campanarios catalanes que tenían esta forma, y que alberga la biblioteca, el auditorio y una sala de exposiciones.

Su interior hace uso de los elementos típicos de la cultura mediterránea. Pintado por entero de blanco, con los suelos de cerámica roja y los escalones cubiertos de listones de madera, proporcionan al visitante una sensación de relajación y tranquilidad que propicia el disfrute de las obras.

La Fundación con el aval del Ministerio de Cultura español solicitó ser incluida en la lista de los cien monumentos del mundo en peligro, debido a las humedades y los daños estructurales en el hormigón que posee el edificio.
Otro de los aspectos muy cuidados en la Fundación y que se tomó en cuenta al construir el edificio fue la iluminación. Sert, construyó linternas en forma de cuarto de cilindro, de manera que la luz solar se refleja y penetra cenital en el interior. Con ello se consigue un máximo aprovechamiento de la luz solar y que esta luz no produzca ningún tipo de sombra ni reflejo en las obras, lo cual ayuda también a la conservación de las mismas.

No sólo son las obras que en la Fundación se alojan, el edificio, proyecto del arquitecto Josep Lluís Sert constituye parte artística de Barcelona, ya que su planteamiento bien merece considerarlo como una obra de arte arquitectónico y tratarlo como tal.

La Fundación está dirigida por un patronato cuyos miembros fueron elegidos por el propio Joan Miró, aunque hoy en día forman parte también de este patronato varias administraciones públicas.

La Fundación se encarga de organizar exposiciones itinerantes con la obra de Miró para dar a conocer su trabajo.

Así mismo, allí nos podemos encontrar con un espacio bautizado como Espai 13, enfocado a la recepción de obras de artistas noveles y a la promoción de las mimas. Está concebido como un espacio de experimentación artística.

Aimé Maeght, realizó en 1976, una donación a la Fundación Miró de una serie de grabados de artistas contemporáneos como Alfaro, Chillida o Villèlia que hoy puede contemplarse junto a la colección permanente de Miró.
En el fondo de la Fundación también cuenta con una pequeña colección de arte contemporáneo como resultado de donaciones de artistas, particulares y amigos de Miró, que las cedieron como homenaje a la muerte de este. Entre ellas hay obras de sus contemporáneos Balthus, Duchmap, Bissier, Man Ray, Matisse y también de artistas por aquel entonces más jóvenes: Saura, Chillida, Tápies...

En los espacios abiertos de la Fundación a parte de encontrarnos con algunas esculturas de Joan Miró, sobre todo en la parte de las terrazas...nos topamos con la Fuente de Mercurio, que fue realizada para el pabellón de España en 1937 de la Exposición Universal de París en el mismo año, y que fue donada por el propio arquitecto a la Fundación.