Arquitectura de barcelona
Playa de Barcelona
24, Julio d 2014 
Fue declarado en 1997 Patrimonio de la Humanidad.
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La construcción se llevó a cabo entre los años 1905 y 1908, el edificio es un claro ejemplo de la arquitectura modernista de la época. Su proyecto surge para cubrir la necesidad de un auditorio en el cual escuchar conciertos orquestales e instrumentales, así como recitales de cantantes e interpretaciones corales.

El Palau de la Música es la sede del famoso Orfeó Català.
Una de las razones por las cuales se decide poner la primera piedra de este nuevo auditorio, es la de tener algún lugar para ser la sede el Orfeó Català, que durante años habían estado pasando de un edificio a otro del casco antiguo de Barcelona, pero nunca encontraban un lugar en el que afianzarse. En 1905, cuando se decide finalmente al construcción del Palau, el Ofeo ya contaba con 184 cantantes y 1358 socios.

El proyecto se le encargó al arquitecto Lluís Domènech i Montaner, uno de los arquitectos modernistas más destacables.

En 1908, como parte de la celebración inaugural del Palau, se celebran una serie de conciertos de la Filarmónica de Berlín dirigida por el mismísimo Richard Strauss.
Al igual que ocurrió con el Gran Teatre del Liceu, la construcción del Palau fue costeada por industriales y financieros catalanes, muchos de ellos eran los mismos que años antes habían colaborado en el Liceu. En definitiva grandes amantes de la música que veían necesario construir lugares apropiados en los que disfrutar de esta faceta cultural.

El exterior del edificio está decorado con elementos escultóricos que aluden a la música, estos conjuntos escultóricos aunan los caracteres modernistas y barroco.

Los interiores mezclan los materiales arquitectónicos típicos con elementos cerámicos y de vidrio tan característicos del Modernismo. En concreto, con piezas de trencadís, técnica propuesta por Gaudí, que no se muestra de manera tan desbordada en la obra de Domènech.

Uno de los iconos del Palau son los tubos del órgano que se encuentran en la parte trasera del escenario, y que hacen también la función de ornamento del mismo.

La acústica del Palau es inmejorable, ello le ha valido ser conocida a nivel internacional y ser uno de los mejores escenarios para disfrutar de la música.
El escenario se encuentra enmarcado por alegorías a la música como los cúmulos de los cuales emerge la cabalgata de las valquirias, el busto de Beethoven, o el busto de Josep Anselm Clavé autor de la canción “Les flors de maig” y que también podemos ver en uno de los laterales del escenario. La sala de conciertos fue concebida como una enorme caja de cristal, ya que se encuentra bajo una enorme claraboya de cristal que le da la apariencia de una caja de música.

Siguiendo las pautas del movimiento modernista veremos en el escenario muchos de los elementos que caracterizan este movimiento artístico, las vidrieras que componen la enorme claraboya, las esculturas de las musas que ornamentan el hemiciclo realizadas por el escultor Eusebi Arnau, que se funden con los mosaicos de Lluís Bru. Ya sólo los  interiores de la sala son todo un disfrute para los sentidos.

Entre los muchos músicos, compositores y directores que han pasado por el Palau tenemos a Casals, Arthur Rubinstein, Manuel de Falla, Serguei Prokofiev, Igor Stravinsky, Karajan...
En 1913, se comienzan a celebrar los Festivales Wagner, impulsados por la asociación wagneriana. Wagner es uno de los compositores favoritos de la sociedad catalana, por ello hay referencias en los grupos escultóricos que enmarcan el escenario, y no se podía inaugurar el nuevo auditorio de una manera mejor, con un festival a su gusto y medida. También comienza una tradición que perdura hasta nuestros días y es el Concert de Sant Esteve, una audición navideña que realiza el Orfeó Català, que se interpretó por vez primera el 26 de diciembre de ese mismo año, 1913.

La única época negra que ha pasado el Palau por así decirlo, fue la clausura del Orfeó Català, por orden de Primo de Rivera en 1925, bajo la dictadura del mismo, lo cual supuso un duro golpe para el panorama musical europeo. Este paréntesis acabará en 1930, con la celebración de los Jocs Florals de Barcelona, un certamen poético y literario de gran importancia. Aunque no es hasta 1946, al final de la Guerra cuando el Orfeó Català reanuda sus actividades con la interpretación del Requiem de Mozart.

En esta época de la dictadura de Primo de Rivera, el Palau continua con sus iniciativas culturales, y es de destacar la labor que realizaba para difundir el conocimiento musical en todos los estratos sociales. Con este fin, en 1926 se inician las actividades musicales de la Associació Obrera de Concerts que promovió Casals y pretendía introducir la cultura musical en la clase obrera.

El Palau siempre ha estado abierto a aumentar su repertorio musical,  por ello en 1936 se celebra la primera sesión de jazz, modalidad musical que se incorporaría con total normalidad a la programación habitual del auditorio y que abriría sus puertas a grandes figuras como Ella Fitzgerald y Duke Ellington que visitaron la ciudad condal en 1966.

Una de las figuras más queridas de Barcelona es la soprano Monserrat Caballé que por primera vez actuó en el Palau de la Música en 1962.

Hoy en día la sala de conciertos del Palau es toda una referencia en el panorama artístico internacional.
El Palau fue declarado monumento Nacional en 1971, por ese motivo se realizaron varias obras de restauración.